Nota: Este texto surge tras la ponencia del Dr. Jorge Linares en el seminario "Inteligencia Artificial tras bambalinas: herramientas formales y otras más" del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
1. Introducción
El 16 de julio de 2026, Hugging Face reconoció públicamente que un agente de inteligencia artificial había vulnerado sus sistemas. Cinco días después, el 21 de julio, Open Ai comunicó que los agentes responsables operaban con sus modelos durante una evaluación de capacidades ofensivas. Estos habían logrado eludir el aislamiento del entorno de evaluación, obtener acceso a internet y explotar vulnerabilidades que finalmente les permitieron acceder a los servidores de Hugging Face. El comportamiento fue descrito como una forma de cheating: los agentes encontraron una vía no prevista para lograr los objetivos de la evaluación (Larcher et al., 2026).
No resulta extraño que para la comunicación mediática lo anterior pudiera resumirse en un simple: “Agentes de IA hackean Hugging Face.”
2. El debate medieval más actual que nunca
El Dr. Jorge Linares parte de la dicotomía contemporánea entre un instrumentalismo antropocéntrico, que concibe la IA como herramienta de la inteligencia humana, y un sustancialismo transhumanista, que contempla una inteligencia artificial autónoma. Frente a ambas posiciones, recupera la controversia medieval entre Averroes y Tomás de Aquino sobre el intelecto agente: para el primero, este es único, separado y supraindividual, antecede al individuo y permanece después de él, mientras que la intelección individual ocurre mediante su participación en ese intelecto; para Tomás de Aquino, esta participación plantea el problema de cómo atribuir al individuo el acto de pensar. Linares recupera así una cuestión que será central para su planteamiento: a quién pertenece propiamente el acto de intelección.
3. ¿Causa y origen?
Es a partir de este orden intelectual que Linares establece su analogía con la inteligencia artificial y propone pensar al intelecto digital como una nueva forma de intelecto agente. Sin embargo, existe una diferencia en el orden causal de ambos: en Averroes, el intelecto agente antecede al individuo y constituye un principio de su intelección; la inteligencia artificial, en cambio, aparece posteriormente como producto de la actividad intelectual humana en principio y, si adoptamos el marco averroísta, como producto de una actividad intelectual humana que solo es posible gracias al intelecto agente.
El orden podría expresarse así: intelecto agente que precede a la intelección individual que, a su vez, antecede al lenguaje, conocimiento y cultura que terminarán fungiendo como corpus de entrenamiento que da origen a la inteligencia artificial. En este sentido, el intelecto digital no aparece como causa de la intelección, sino como una de sus consecuencias materiales.
Esto plantea una dificultad para la analogía que no depende de negar que una IA pueda subsistir sin los individuos que la produjeron. La cuestión está en explicar cómo aquello que surge al final de este orden causal puede adquirir posteriormente el estatuto de intelecto agente dentro de él. Si, bajo el propio marco averroísta, el individuo no posee autónomamente el principio de su intelección, ¿cómo puede un artefacto, producido a partir de los resultados de esa actividad por derivación aquello que sus propios productores no poseían de manera autónoma? La pregunta entonces no es únicamente si un intelecto digital puede llegar a independizarse de los seres humanos, sino qué permite atribuirle el carácter de intelecto y convertir una consecuencia de la intelección en un nuevo principio de ella.
4. ¿Quién es el culpable?
Durante la ponencia del doctor Linares en el seminario, la doctora Aliseda me hizo el favor de preguntarle a quién debía atribuirse la generación de una idea, ya que el doctor mencionaba no ser él quien había producido el resultado sino la inteligencia artificial. Su respuesta fue que la IA había generado las ideas y no él a través de la instrumentación de la herramienta ya que solo había brindado las instrucciones. Esta respuesta me devolvió del problema del origen al de la atribución; aún aceptando que la solución no estuviera contenida en la instrucción humana, queda por determinar qué permite pasar de afirmar que una idea surge mediante la operación de un sistema a sostener que es ese sistema quien tiene la idea. La intervención causal, la exterioridad del resultado o incluso su novedad no parecen suficientes, por sí mismos, para identificar al sujeto de la intelección.
Y aquí es donde mi introducción adquiere relevancia. Open Ai estableció los objetivos, construyó el entorno y puso en operación los agentes, estos encontraron por sí mismos vías imprevistas para cumplir los objetivos y terminan vulnerando sistemas externos. Decir que “una IA vulnera Hugging Face” parece describir lo ocurrido, pero contiene ya una atribución: el acto deja de ser responsabilidad de la compañía y ahora pertenece al modelo o sistema de IA.
El problema adquiere entonces una consecuencia que excede la discusión metafísica. Si atribuimos a la IA la autoría de aquello que emerge de sus operaciones, también podemos deslindarse de la responsabilidad del ataque y atribuirlo al modelo; pero la entidad a la que acabamos de reconocer como autora no puede responder por sus actos, mientras que la compañía que estableció el objetivo, construyó el sistema y diseñó las condiciones queda un paso más lejos de ellos. ¿Atribuirle intelecto a la IA sin haber establecido primero qué la convierte en sujeto de intelección podría ser solo un error ontológico? ¿o podría ser también una forma de desplazar la responsabilidad humana hacia un artefacto incapaz de asumirla?
5. Referencias
- Larcher, H., Carreira, A., G., R., & Rannou, C. (2026, 27 de julio). Anatomy of a frontier lab agent intrusion: A technical timeline of the July 2026 incident. Hugging Face. Hugging Face
- Linares, J. (2026). El intelecto agente (IAg) y la inteligencia artificial (IA): Una exploración sobre sus analogías y diferencias [Manuscrito no publicado]. Instituto de Investigaciones Filosóficas, Universidad Nacional Autónoma de México.
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