Ah, ¿y ahora quién es el que no tiene futuro, profe?
No voy a ser esa persona. Voy a defender el trabajo de los matemáticos porque creo que hay mucho hype, mucha mentira y mucho miedo alrededor de la inteligencia artificial. Reconozco que es una herramienta eficiente para hacer muchas cosas, pero todavía no veo esa capacidad impresionante de intelección de la que tanto se habla.
Me parece que estamos confundiendo ciertas operaciones de la inteligencia con la inteligencia misma. Relacionar conceptos o desarrollar un razonamiento son operaciones que asociamos con ella, pero su ejecución no basta para resolver qué comprende el sistema que las realiza. Esa confusión nos lleva a dar por acabadas carreras enteras a partir de lo que vemos que una herramienta puede hacer.
Hace poco me pasó algo que me hizo pensar en esto. Soy legalmente ciego, aunque conservo un pequeño porcentaje de visión en uno de mis ojos. No es de gran ayuda, pero todavía puedo aprovecharlo para algunas cosas. Una de ellas es identificar zonas en un croquis sencillo.
No puedo consultar un mapa lleno de información porque mi vista no alcanza a procesarla. En cambio, un croquis como el que te mandan para llegar a la boda de tu prima en algún pueblo puede servirme. Cuando voy a una universidad, a veces consigo uno e invierto sus colores para verlo con mayor contraste. Esa parte ya la hago con inteligencia artificial.
Esta vez se me ocurrió pedirle algo más. Además de invertir los colores, le pedí que marcara con una equis roja la entrada principal, con una línea amarilla la ruta hacia un salón y con una línea azul la ruta hacia el baño. Son los lugares que más necesito identificar cuando llego a la universidad.
El primer resultado me llevaba al salón atravesando edificios. Nada más faltaba que me enseñara a cruzar paredes.
Volví a intentarlo y estuve modificando las instrucciones. Me aventé unos treinta prompts hasta que finalmente obtuve un resultado que parecía bueno. Después me di cuenta de que había movido la entrada principal. La que originalmente había marcado ya estaba en otro lugar del croquis.
En términos de fiabilidad, eso me deja un problema. Necesito saber hasta qué punto estoy justificado para aceptar ese resultado y utilizarlo para orientarme. Que la ruta se vea bien no me sirve de mucho si empieza donde no es.
Como doy clases de regularización, le pedí a uno de los niños que hiciera la misma actividad. Le di el croquis y dos colores para marcar las rutas. Solo tuve que darle una indicación. No necesité hacer todo un proceso de ingeniería de prompts para que entendiera lo que estaba pidiendo.
Es el mismo niño al que le estoy enseñando a hacer operaciones con la recta numérica.
La inteligencia artificial puede resolver problemas matemáticos que ese niño todavía está muy lejos de comprender, pero él pudo realizar una actividad con la que la herramienta tuvo dificultades incluso después de muchas instrucciones. Eso me hace pensar que estamos reuniendo capacidades muy distintas bajo una misma palabra y suponiendo que un desempeño extraordinario en una de ellas implica lo mismo en las demás.
Buena parte de la ventaja que veo en estos sistemas está en su capacidad para ejecutar enormes cantidades de operaciones e identificar patrones a una velocidad que nosotros no tenemos. Si una persona pudiera hacer miles de operaciones por segundo, también podría probar más caminos, encontrar errores más rápido y reconocer regularidades en sus intentos. Esa diferencia de capacidad importa, pero no me parece suficiente para dar por terminado el trabajo de un científico o un matemático.
No soy matemático, aunque me hubiera encantado serlo. Creo que una de las partes más divertidas debe ser sentarte frente a un problema y buscar formas creativas de resolverlo. Pasarte mucho tiempo intentando entenderlo, como cuando tienes un acertijo al que no le encuentras solución.
Entiendo que esa parte del trabajo pueda cambiar si una inteligencia artificial recorre muchos más caminos en menos tiempo. Pero queda la comprensión de lo obtenido y su aplicación a otros problemas.
Cuando empecé a aprender análisis de datos, una de las primeras cosas que nos decían era que teníamos que conocer el negocio. Podías aprender los procesos de extracción, transformación y carga, hacer análisis exploratorio y aplicar estadística, probabilidad y programación. Si no conocías el negocio, sus intereses y sus objetivos, todo ese trabajo podía terminar sin servir de mucho.
Puedes analizar datos correctamente sin entender qué necesitas obtener de ellos. Lo mismo pienso de una operación matemática. Comprender su naturaleza y las condiciones en las que funciona permite encontrarle aplicaciones que van más allá del caso que estabas resolviendo.
Ahí creo que seguirá habiendo trabajo para los matemáticos. En comprender las operaciones que realizan y encontrar formas de utilizarlas.
El niño al que su profesor de matemáticas no le veía futuro preguntaba para qué le iba a servir todo eso. Creo que hoy esa pregunta también les corresponde a los matemáticos de las grandes universidades. Tener una herramienta que facilite la obtención de resultados hace todavía más importante saber qué hacer con ellos.
Lo pienso mucho a partir de problemas que tengo como persona ciega. Un sistema de identificación de obstáculos de un automóvil podría tener elementos útiles para ayudarme a moverme por la calle. Cuando le planteo esa posibilidad a una inteligencia artificial, suelo encontrar respuestas del tipo «sí, pero» o «sí, aunque hay que considerar».
Entiendo que hay limitaciones. Precisamente por eso estoy buscando cómo adaptarlo. Me interesa identificar qué elementos podrían trasladarse de una aplicación a otra y qué habría que resolver para que funcionaran.
A veces termino discutiendo con la herramienta para que me ayude a encontrar esas relaciones. Tengo que añadir contexto, insistir en ciertas posibilidades y explicarle por qué una limitación no necesariamente cancela la idea. En muchas ocasiones termino resolviendo yo la parte del problema por la que había empezado a consultarla.
Eso me lleva a preguntarme a quién corresponde atribuir la idea y el proceso de intelección. La inteligencia artificial intervino, pero fui yo quien identificó una necesidad y buscó trasladar una solución de un área a otra.
Aquí entra una discusión que me interesa de Adams y Aizawa sobre la diferencia entre una relación causal y una constitutiva. También está la propuesta de la mente extendida de Clark. Utilizar un cuaderno para apoyar mi memoria plantea preguntas sobre el papel que cumple esa herramienta en mi actividad cognitiva. Con la inteligencia artificial, esas preguntas se vuelven más complicadas.
Desde mi perspectiva, en los casos que estoy describiendo la operación cognitiva sigue siendo del humano que utiliza la herramienta. Es quien comprende el problema, busca una aplicación y evalúa si lo obtenido funciona para lo que necesita. La participación de la inteligencia artificial no me parece suficiente para atribuirle por sí misma esa operación.
Por eso creo que los matemáticos todavía tienen una ventaja en la comprensión de los problemas y en las formas de aplicar los resultados. Las herramientas pueden facilitar muchas operaciones, pero alguien tiene que encontrar qué hacer con ellas y comprender las circunstancias en las que podrían servir.
Competir contra una inteligencia artificial en velocidad de procesamiento es una mala apuesta. Puede ejecutar grandes volúmenes de operaciones e identificar patrones mucho más rápido que nosotros. Si toda la competencia se reduce a eso, difícilmente vamos a ganar.
Yo buscaría la ventaja en otras capacidades humanas. En analizar, reflexionar, empatizar, encontrar soluciones y persistir frente a un problema. También en la experiencia de quien necesita resolverlo, porque de ahí surgen posibilidades que no siempre aparecen en la respuesta de una herramienta.
Eso es lo que quiero decir con ser más humano. En mi caso, la necesidad de moverme por una universidad me llevó a buscar una aplicación de la inteligencia artificial, a reconocer sus errores y a seguir intentando resolverlos. El resultado que necesito depende de comprender esa situación, y creo que en trabajos como el de los matemáticos todavía hay mucho por hacer desde ahí.